Sí. ¡Y llegó el verano! Las fechas lo pregonan, las temperaturas lo muestran y las gentes que se mueven lo patentizan. Llegó el verano, pero no es un verano como los de antes, parece que el calor es algo más serio, podríamos decir, que de costumbre. Y las gentes del campo, de este campo de Quintanatello, ya están "afilando los dalles"para iniciar esa labor tan poco grata, tanto por el calor, como por la incertidumbre de qué es lo que va a resultar de esta labor que se va a comenzar con todo el ímpetu que conlleva la brevedad del tiempo de de la cosecha.
¡Ya quedaron atrás aquellas bucólicas imágenes en las que acudían en cuadrilla al campo a trabajar todas las gentes! ¡Ya todo aquello es hoy historia, y nunca mejor dicho, pues puede que con el tiempo se llegue incluso a olvidar! Si nuestros antepasados, incluso los no muy lejanos, tuvieran la oportunidad de visualizar las andanzas y vivencias de hoy, ¡quíén sabe si lograrían asimilarlo!
Hoy la modernidad y la industrialización y mecanización de las labores del campo han dado paso a una monótona y individualizada forma de trabajar en las tierras. Hoy, el agricultor (antes, labrador), se pega a su máquina y en solitario en el campo va y viene por las fincas. ¡Es un poco triste! Pero es así, y así lo tienen que sobrellevar con agrado o sin él.
No es por ir contra las corrientes de la actualidad, porque sería contraproducente y necedad. Pero no podemos negar que aquellos tiempos en que las vivencias y sudores se llegaban a compartir incluso con los vecinos de las fincas y hombro con hombro mutuamente se prestaban ayuda. Se vivía en toda su intensidad el verano. Bien es cierto que el trabajo era agotador, porque era casi en toda su integridad labor manual y de tiempo, que ocupaba desde antes de la salida del sol hasta el anochecer, y que dependía del número de manos que concurrían a realizar las distintas tareas.
Reconocer la evidencia es sin duda ser fieles a la realidad. ¿Qué habría sucedido si la vida de estos campos se hubiera estancado en aquella época? ¡Sería insoportable, ridículo y trasnochado, aparte de incompetente y antieconómico! ¡Hay que ir al son de los tiempos, no queda otra alternativa!