

¡Qué años! ¡Qué recuerdos! ¡Qué tiempos! ¡Qué momentos! Pero hoy... ¡ya no hay celebraciones ni fiestas, todo ha cambiado totalmente.
Haciendo patente la diferencia en el tiempo, la disparidad de criterios, el abanico de mentalidades, creencias y pensamientos, no es ajeno nuestro acudir a la memoria. Recordar es volver a vivir. Bien o mal, pero es la historia, la historia del pueblo y sus gentes, sus costumbres, su carácter y su idiosincrasia particular.
Traemos aquí, ahora y en esta ocasión el recuerdo de los momentos gratos vividos en otra época. Y con el paralelismo de las fechas, me viene a la memoria aquellas fiestas del Corpus Christi y del Sagrado Corazón (tanto en el plano religioso como en el social y festivo).
La Fiesta del Corpus Christi. ¡Qué fiesta! Recuerdo cómo se engalanaba la iglesia por las mozas, cómo se disponía la "enramada" por los mozos que el día anterior se afanaban porque quedara lo más elegante posible, que consistía en cubrir el pasillo del patio de la iglesia por donde se accedía al templo, a base de ramas y flores que se entrelazaban entre las acacias que entonces había plantadas. Luego, en el recorrido que la procesión del Santísimo hacía por el pueblo, se disponían muy adornados pequeños altares en los portales de algunas viviendas, donde se hacían paradas y se exponía el Santísimo, entre un mar de pétalos de flores, cantihueso (lavanda recogida en el campo) y todo un sinfín de diferentes flores que cubrían el entorno del pequeño altar. Y en el transcurrir entre parada y parada, las mujeres lanzaban flores al paso de la procesión.
Se disponían los estandartes de las Cofradías con el mejor boato y pompa para acompañar en la procesión, portados por los destacados miembros. Todo ello era engrandecido por los cánticos religiosos, que bien ensayados días antes, daban buena prueba en esos momentos, como eran el "Tantum ergo", "Pange lingua", "Cantemos al amor de los amores" y otros.
Haciendo patente la diferencia en el tiempo, la disparidad de criterios, el abanico de mentalidades, creencias y pensamientos, no es ajeno nuestro acudir a la memoria. Recordar es volver a vivir. Bien o mal, pero es la historia, la historia del pueblo y sus gentes, sus costumbres, su carácter y su idiosincrasia particular.
Traemos aquí, ahora y en esta ocasión el recuerdo de los momentos gratos vividos en otra época. Y con el paralelismo de las fechas, me viene a la memoria aquellas fiestas del Corpus Christi y del Sagrado Corazón (tanto en el plano religioso como en el social y festivo).
La Fiesta del Corpus Christi. ¡Qué fiesta! Recuerdo cómo se engalanaba la iglesia por las mozas, cómo se disponía la "enramada" por los mozos que el día anterior se afanaban porque quedara lo más elegante posible, que consistía en cubrir el pasillo del patio de la iglesia por donde se accedía al templo, a base de ramas y flores que se entrelazaban entre las acacias que entonces había plantadas. Luego, en el recorrido que la procesión del Santísimo hacía por el pueblo, se disponían muy adornados pequeños altares en los portales de algunas viviendas, donde se hacían paradas y se exponía el Santísimo, entre un mar de pétalos de flores, cantihueso (lavanda recogida en el campo) y todo un sinfín de diferentes flores que cubrían el entorno del pequeño altar. Y en el transcurrir entre parada y parada, las mujeres lanzaban flores al paso de la procesión.
Se disponían los estandartes de las Cofradías con el mejor boato y pompa para acompañar en la procesión, portados por los destacados miembros. Todo ello era engrandecido por los cánticos religiosos, que bien ensayados días antes, daban buena prueba en esos momentos, como eran el "Tantum ergo", "Pange lingua", "Cantemos al amor de los amores" y otros.
La Fiesta del Corazón de Jesús, que entonces era sin duda, la segunda fiesta del pueblo después de la Patrona, Nª Sª de la Asunción, también los oficios religiosos tenían su solemnidad e importancia en parte de todo el programa de honras y veneraciones. Por la tarde, los actos festivos ocupaban la mayor parte del programa festivo. Era la fecha destinada a las representaciones teatrales por parte del grupo de jóvenes y alumnos de la escuela. Se me viene a la memoria "El médico a palos" (Teodoro Henares). También había un espacio para la declamación de la poesía dedicada al Corazón de Jesús. (Siempre me recordaré del Tío Tino). ¡Qué divertido! Había cucaña, juegos, carreras... Momentos de humor y distensión. Fue tanta la repercusión de estos trabajos que los vecinos de los pueblos limítrofes acudían a disfrutar con nosotros del evento, y hubo ocasiones que el aforo de la escuela, que es donde se desarrollaban estos actos, estaba al completo.
¡¡Por Junio era, por Junio!!
¡Aquellos años que ya son historia!
1 comentario:
Qué pena no tener cámaras de vídeo en aquella época; ahora muchos podríamos conocerlo y otros tantos recordarlo. Sobre todo para reírnos con las obras de teatro de las que tanto hablas.
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