





Menuda paliza que dio el jefe de la motosierra! ¡Y luego hay que picarlo!
Como todos los años por estas fechas, llega la SUERTE para cortar la leña en el monte, y aprovisionar el leñero para el invierno.
Este año, el tiempo acompañó estos menesteres y se trabajó bastante cómodos, si es que se puede decir así, pues la tarea conlleva un gran esfuerzo, tiempo y dedicación. Bien es cierto que para llevarla a cabo se disponen fechas en las que los quehaceres de la profesión están reducidos. Hace años se hacían estos trabajos en el mes de marzo, pero en esas fechas ya no era posible dedicar tanto tiempo a este trabajo, pues el campo ya comienza a requerir atención.
Así que, afilados los hachas y las motosierra, ¡al monte todos!
Hace años, que las motosierras no existían, las suplían los tronzadores y las hachas, y ¡con unos buenos brazos se acometían las tareas! Claro está, luego venía el acarreo de la leña hasta casa. ¡Y había que hacerlo con el carro y las vacas o bueyes! ¡Casi nada! ¡Y había que bajar brezos y carquesas que servían para iniciar el fuego en la cocina y en las glorietas! ¡Qué tiempos aquellos que ya pasaron!!
Hoy ya no se sacan los raigones de los robles con los monteros, lo que suponía un gran esfuerzo físico, para aprovechar su madera para quemar y de paso dejar expedito el terreno para labrar. En aquellos años que se llevaba a cabo esto, había más consumidores de leña que hoy y menos dimensiones de las suertes. ¡Todo esto venía influenciado por el número de vecinos que conformaban el pueblo!