
El domingo día 27 pasado, pasado el mediodía, picaba el sol con muy buenos modales, que no se podía aguantar. ¡Mal presagio! ¡Ni tan malo! Comenzó en cuestión de minutos a taparse el cielo y a oscurecerse el sol y desaprecer. Se dejaba oír algún trueno en la lejanía. Total que, dicho y hecho: Los truenos se acercaron, y comenzaron a caer algunas gotas, luego más gotas, luego granizo y a continuación mucho granizo, ¡y gordo!
¿Qué ocurrió? Ocurrió lo que se temía: PEDRISCO. Parece que la nube cruzó una trayectoria muy definida, y descargó toda su ira en algunas localidades concretas. A Quintanatello parece ser que le tocó "parte del gordo", a juzgar por los resultados del "escrutinio" que luego se dejaron ver: Huertas machacadas a lo largo y ancho de todo lo plantado, cereales (trigo, avena, cebada, centeno [con el grano por el suelo], veza [que ya se encontraba muy agachada, con esto ha quedado seriamente afectada]), girasol muy tocado, patatas que estaban tiernas, han quedado muy marcadas, frutales "llenos de pecas", etc. etc. Es decir, que no se ha salvado de la "quema" nada. Todo ha quedado con la etiqueta.
Con un campo que estaba excelente, ya que las últimas lluvias le hicieron prosperar adecuadamente, con esta calamidad... ¡no se sabe qué resultado acarreará, pero posiblemente positivo y bueno, casi seguro que no!
Y es que ya lo dice la experiencia y la sabiduría popular: 'San Juan y San Pedro y San Pelayo en el medio'. Y es que rondando a estos Santos (las fechas), siempre han sido días de mucho movimiento tormentoso y complicado para el campo, unos años con más encono y otros un poco más calmosos, pero siempre se han comportado con su poderío meteorológico.
Ahora toca sopesar si es preceptivo dar parte al seguro o no. Valorar el montante de incidencia sufrida.
¡Y siempre toca la pedrea, y nunca mejor dicho, a los mismos! ¡Qué desgracia!